El paseo nos llevará a conocer la zona de San Mateo, topónimo que comparten la ermita, la fuente y la colina, el punto más alto de la cresta, que alcanza los 499 metros de altura. A lo largo del recorrido tendremos la ocasión de descubrir algunos de estos elementos.
Para acceder al punto de salida del itinerario será necesario dirigirse a la población de Premià de Dalt. Dejando a mano derecha el edificio de la Casa de la Villa, subiremos por la riera de Premià. La vía, asfaltada, nos llevará directamente al parque arqueológico de la Silla del Obispo, nombre que sustituyó la antigua denominación popular de la colina de los Dos Pinos raíz del hallazgo arqueológico en la zona de unos restos de un poblado ibérico de los siglos V al I aC (yacimiento de la Silla del Obispo).
La Silla del Obispo
La colina, aunque con algún pino frondoso, nos regala una hermosa panorámica del descender de la sierra hacia las llanuras del Maresme, con algunos campanarios saliendo sobre los tejados rojizos de las casas rodeadas de huertas y campos de claveles.
En segundo término, se nos presenta una vista menos tradicional formada por el moteado de las urbanizaciones sobre las montañas y las poblaciones litorales, crecidas y urbanas, que casi se adentran en el mar.
En el poblado ibérico de la Silla del Obispo encontramos el punto de salida del itinerario y el rótulo que lo indica. De los dos caminos, hay que coger el de la derecha, que corre paralelo a la línea litoral. La caminata, que comienza con una pendiente marcada, nos sumerge de lleno en el bosque mediterráneo, una vegetación siempre verde, densa y llena de esencias: pinos, encinas, algarrobos, jaras, romero, mata...
De las diversas especies de fauna que viven en estos bosques una de las más presentes en la memoria popular y al mismo tiempo, quizá, más fácil de detectar, es la ardilla. Todo el mundo que tiene por costumbre salir a la montaña, de vez en cuando, ha tenido la oportunidad de ver alguno. Desgraciadamente había sido una pieza cotizada por los cazadores y por la taxidermia.

La ardilla vive en bosques que le proporcionan simientes para su alimentación: piñones, avellanas, bellotas... aunque a veces también come setas, cortezas, rebrotes e incluso algún insecto o caracoles. No será extraño que encontramos por tierra algunas piñas roídas por la ardilla.
Terminada la ascensión, un indicador nos señala un cambio de dirección a la izquierda y, tras un corto tramo de camino llano, un cartel nos desvía hacia una nueva pendiente a la derecha. Al terminar la subida encontramos tres elementos que nos orientarán: a mano derecha, la masía de Can Bernadó; a la izquierda, una subestación de energía eléctrica; delante, el camino cumbrera que atraviesa la sierra (GR 92).
Tomamos la pista hacia la izquierda y, a los pocos metros, encontramos un indicador que nos invita a tomar un nuevo desvío a la derecha hacia la fuente de San Mateo.
La fuente y la ermita de San Mateo
Escondida en una hondonada a la derecha del camino encontramos la fuente de San Mateo. Merece la pena bajar a refrescarse.
Delante, una gran balsa, ahora en desuso, nos ilustra sobre el concepto de economía del agua que tenía la vida tradicional en las masías, en una época en que no había agua corriente.
Recuperamos el camino y, casi inmediatamente, el indicador nos guía hacia un sendero a la izquierda, que hace subida, inmerso en una espesa vegetación. en pocos minutos, este corredor estrecho y sombrío se abre en un claro diáfano, con la ermita de San Mateo en el centro.
La ermita de San Mateo está documentada desde el siglo X, en el siglo XV recibía el nombre de San Mateo del Bosque y durante los siglos XVI y XVII fue habitada por ermitaños. Es de origen románico y destaca la pequeñez de las formas: una bóveda de cañón minúscula, que acoge apenas dos hileras de escaños; unos escalones semicirculares, vigilada por un ciprés, y la menuda espadaña, que sorprende por su orientación travesera.
La ermita tiene adosada la antigua casa de los ermitaños, y ambas han sido restauradas o ampliadas en épocas diversas.
Iniciamos el regreso hacia el punto de origen subiéndonos el paseo, con pinos a ambos lados, que sale de delante de la ermita. A la vista, resguardada al oeste, destaca la espléndida masía de Can Riera. No llegaremos porque un rótulo nos señala un camino estrecho a la izquierda por el que tenemos que empezar a descender.
Al poco, encontraremos una explanada con una gran higuera en el centro que nos llevará a la pista cumbrera. La atravesamos y un indicador nos hace coger otro camino de tierra que se abre ante nosotros. De esta manera llegamos nuevamente a una zona boscosa con un hito más.
Plana del Mal Tiempo
El sustrato geológico de esta cordillera, formada por granitos, sufre un proceso de meteorización química que provoca la formación de una arena muy inestable, llamada arenisca, que tiene un grado de erosión muy elevado.

Mediante los torrentes y rieras características del Maresme, esta arena se deposita en las playas debido a las fuertes pendientes. El tráfico rodado aumenta el ritmo de erosión y el peligro de incendios. Es necesario que todos lo tengamos presente y que extreme las precauciones en nuestros paseos.
Fuera de itinerario, si seguimos recto el camino, llegaremos a la colina de Baldiri, donde podemos disfrutar de buenas vistas y donde encontramos una torre de vigilancia para la prevención de incendios forestales del parque.

Si seguimos el itinerario, debemos tomar el camino a la izquierda que nos devuelve a la Silla del Obispo. A partir de aquí iniciamos un descenso acentuado, hasta que en una nueva bifurcación bien indicada, tenemos que volver a tomar el camino de la derecha que hace bajada.
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